Vivienda asequible, integración social y espacios públicos como responsabilidad urbana
La gentrificación es un fenómeno cada vez más visible en ciudades que crecen y se transforman. Ocurre cuando la llegada de nuevos habitantes impulsa la renovación urbana, pero también eleva los precios del suelo, los alquileres y los servicios, poniendo en riesgo la permanencia de los residentes históricos. Ante esta dinámica, que es una consecuencia natural del crecimiento exitoso, organismos como ONU-Habitat advierten que el sector desarrollador es el actor estratégico que puede y debe liderar la solución. La visión de Surwal se alinea precisamente con esta responsabilidad: ver la gentrificación no como un resultado inevitable, sino como un desafío de diseño e integración urbana
La Política Nacional Urbana, elaborada en conjunto entre el Ministerio del Interior y ONU-Habitat, establece que las ciudades sostenibles deben garantizar acceso equitativo al suelo, a la vivienda, a la infraestructura y a los servicios, evitando que las fuerzas del mercado profundicen desigualdades. El documento completo puede consultarse en el portal de ONU-Habitat.
La visión que aporta este marco se alinea con los principios de la Nueva Agenda Urbana (NAU), adoptada por más de 150 países, que insta a que el desarrollo urbano “no deje a nadie atrás” y promueva la integración socio-espacial. Argentina detalla su compromiso con este enfoque La Nueva agenda Urbana.

En paralelo, las ciudades intermedias argentinas —aquellas con entre 100.000 y 500.000 habitantes— están experimentando un crecimiento acelerado impulsado por inversiones inmobiliarias y migración interna. La movilidad interprovincial registrada entre 2012 y 2022 muestra flujos significativos desde grandes aglomerados hacia centros urbanos que ofrecen mejor calidad de vida, menor saturación y mayor accesibilidad, según el informe oficial del RENAPER. Este movimiento demográfico genera oportunidades, pero también tensiones: la revalorización rápida del suelo puede convertir barrios accesibles en zonas económicamente inaccesibles para sectores medios y bajos, fenómeno que suele describirse como “gentrificación silenciosa”.
La pérdida de espacios públicos inclusivos es otra manifestación frecuente. Experiencias internacionales lo confirman: medios como El País han documentado cómo, en ciudades europeas, la ausencia de políticas de vivienda asequible, regulación del alquiler y mecanismos de participación vecinal terminó acelerando la expulsión de residentes. En este contexto, los desarrolladores privados somos actores estratégicos para mitigar los efectos negativos de la gentrificación.
La Política Nacional Urbana propone herramientas que el sector puede adoptar o acompañar: generar oferta de vivienda asequible, generar alternativas y modelos innovadores de alquiler o alquiler con opción a compra, impulsar rehabilitación urbana para mantener a los residentes en su entorno, reservar suelo para proyectos de interés social, promover cooperativas de vivienda y facilitar la regularización de la tenencia en zonas vulnerables.
ONU-Habitat sostiene además que las ciudades compactas, con buena accesibilidad a transporte, servicios y equipamientos, reducen las brechas urbanas y mejoran la calidad de vida, por lo que la integración de usos mixtos y la creación de espacios públicos universales son claves para un crecimiento sostenible.
Las ciudades intermedias como Puerto Madryn —que hoy vive un fuerte dinamismo inmobiliario— representan un ejemplo claro de esta tendencia. Según un análisis de iProfesional sobre el boom en la Patagonia, la ciudad muestra una fuerte demanda y valores competitivos del metro cuadrado en comparación con los grandes aglomerados urbanos. El atractivo por una vida más tranquila, el contacto con la naturaleza y la posibilidad de adquirir suelo a valores todavía accesibles está impulsando un ciclo de inversión que, si se gestiona correctamente, puede generar prosperidad compartida. La clave no es frenar el crecimiento, sino orientarlo. Los desarrolladores podemos liderar este proceso incorporando criterios de vivienda, diseño urbano inclusivo, planificación participativa y protección del espacio público. De esa manera, los proyectos inmobiliarios no solo generan rentabilidad, sino también cohesión social, valor urbano y estabilidad a largo plazo. Construir sin desplazar no solo es posible: es indispensable para que ciudades en expansión, como Puerto Madryn, puedan crecer de manera equilibrada, competitiva e inclusiva