Acompañanos a recorrer La Providencia, una nueva forma de pensar la relación entre propiedad, naturaleza y calidad de vida.
“El tipo de ciudad no puede separarse del tipo de personas que queremos ser, las relaciones sociales que pretendemos, las relaciones con la naturaleza que apreciamos, el estilo de vida que deseamos y los valores estéticos que respetamos”. D. Harvey, Arquitecto.

Elegir dónde vivir nunca es solamente elegir una propiedad sino también la relación que deseamos tener con el entorno, qué lugar ocupa la naturaleza en nuestra vida cotidiana y qué tipo de comunidad queremos tener y construir alrededor.
Por eso, cuando pensamos en nuevos desarrollos inmobiliarios, hay una pregunta que vale la pena hacerse antes que cualquier otra: ¿qué forma de vida estamos proyectando?
El territorio también forma parte de la propiedad
En la Costa Atlántica de la Patagonia, donde el horizonte se encuentra con el mar y la escala del territorio transforma la experiencia cotidiana, La Providencia propone pensar el desarrollo inmobiliario desde otro lugar.
El proyecto parte de una premisa clave: integrar propiedad, naturaleza, conservación y habitabilidad dentro de un mismo territorio.
La Providencia se desarrolla sobre una estancia que forma parte del paisaje patagónico desde 1905 y que actualmente cuenta con infraestructura en funcionamiento, producción activa de olivares, tecnologías sustentables implementadas y una Reserva Natural Privada con Plan de Manejo activo.
Sobre esa realidad existente se proyecta un desarrollo de 3.000 hectáreas, bajo criterios de baja densidad y conservación estructural.
Hay un dato que habla por sí mismo: el 95% del área se encuentra protegida y solo el 5% es construible. Es una manera de entender el valor inmobiliario que no pone al paisaje en segundo plano.

Vivir con más horizonte
En La Providencia, la escala modifica incluso la idea tradicional de lujo.
Nuestra innovadora propuesta no tiene que ver con sumar metros cuadrados construidos, sino con acceder a una experiencia territorial diferente: mar abierto, estepa, cielos abiertos, baja densidad y contacto permanente con un entorno natural protegido. Cada propietario adquiere un lote privado con acceso y convivencia directa con 3.000 hectáreas de reserva natural.
El verdadero diferencial está en cuánto somos capaces de preservar alrededor de lo que construimos.
Una forma distinta de entender el desarrollo
La baja densidad quiere decir que trabajamos con un masterplan que contempla grandes proporciones de territorio natural sin construir y, al mismo tiempo, establece reglas de uso del suelo y tipologías constructivas orientadas a preservar la coherencia arquitectónica y el paisaje. También contempla normas de convivencia, protección de fauna, prevención de incendios y gestión de residuos, alineadas con el Plan de Manejo de la reserva.
Porque conservar no significa congelar un territorio, sino pensar cómo puede ser habitado sin perder aquello que lo hace único. En ello consiste la innovación: el desarrollo y la conservación no necesariamente son conceptos opuestos.
La Providencia vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que excede a cualquier proyecto particular: ¿Qué tipo de lugares queremos crear para las personas que los van a habitar?
Y quizás una de las formas más interesantes de pensar el futuro sea justamente esa: construir lugares donde naturaleza, propiedad y calidad de vida no tengan que competir entre sí.
La Providencia propone habitar ese equilibrio. ¿Querés ser uno de los primeros en recibir más información?
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